Sube!

OLIVIO HUANCARUNA PERALES: “LAS AUTORIDADES ESTÁN EN DEUDA CON LAMBAYEQUE”

Escribe: Semanario Expresión
Edición N° 1094

  comentarios   

  • Presidente de la Cámara de Comercio señala que el nuevo gobernador regional debe evitar distraerse en temas de índole municipal y vecinal.

 

El 2018 ha sido un año movido en el escenario político nacional, en tanto la economía – a decir del presidente de la Cámara de Comercio y Producción de Lambayeque – se ha mantenido en piloto automático. Olivio Huancaruna Perales refiere que el empresariado se ha vuelto indiferente al ruido político y ha desarrollado sus actividades con relativa normalidad, pero que sí existe preocupación por lo que considera una tendencia de “judicialización del país”, que genera un clima de inseguridad y ahuyenta las inversiones.

 

¿Cuál cree que ha sido el aspecto más resaltante del año 2018 para el sector empresarial?

 

Se han presentado extremos, pendulación de las expectativas. Se creía que el país ingresaba a un manejo político que podía ofrecer horizontes de mejora sustantiva y real, pero también que por las propias decisiones y conflictos de los políticos gran parte del empresariado ha estado al borde del abismo.

 

Los efectos de las decisiones políticas empiezan a tener topes y eso ha pasado porque parte de la sociedad y del empresariado empezó a mostrar indiferencia a lo que ha pasado con las instituciones, aunque, lógicamente, hay sectores que son más sensibles que otros, como el de la construcción, por ejemplo.

 

Al sector agrícola y agroexportador más daño le hizo El Niño del 2017 que el vaivén y las conductas absurdas de la clase política. El agro depende de la naturaleza y del clima, no de las decisiones que se toman en Palacio de Gobierno o en el Congreso.

 

En el caso del sector construcción es natural que exista un impacto directo del panorama político sobre su desarrollo, porque esto paraliza las inversiones de obra pública. La afectación es de no crecimiento, mas no de destrucción.

 

Pero, ¿sí existe un impacto general del Estado sobre las actividades económicas, sobre todo en lo referido al exceso de burocracia y lentitud para los trámites?

 

Es cierto, tenemos un Estado burocrático, ineficiente, incapaz y que para hacer sentir su presencia solo recurre al abuso y al sometimiento de los actores económicos con normas absurdas, como pasa, por ejemplo, en las exportaciones, donde se nos exige un certificado para dar luz verde al envío de productos agrícolas a mercados que son de lejos más eficientes y exigentes. Mientras allá nos admiten nuestros productos, aquí nos ponen trabas para exportar.

 

En otros sectores hay hasta 53 entes del Estado que tienen que ver con permisos y autorizaciones para actividades agrícolas y ganaderas, lo que entorpece el desarrollo de estas. Lo único que se hace desde el Estado es justificar el gasto que bien podría utilizarse en fines mucho más provechosos para el país.

 

¿La economía del país se ha desenvuelto en piloto automático, con ausencia del rol promotor que debe jugar el Estado?

 

No se ha sentido dirección ni presencia del gobierno, este ha estado más ocupado en asuntos absolutamente inusuales, decisiones que han sido importantes únicamente para quienes conforman el gobierno pero como personas naturales o intereses de grupos. No se ha sentido preocupación por los asuntos realmente importantes del país. Se ha vivido un clima de chismosearía entre los que conforman el Ejecutivo y el Parlamento. En esa lucha absurda se ha ido el tiempo.

 

La mesa política estaba servida de tal manera que era sumamente sencillo arribar a coordinaciones y acuerdos por el bien del país, con horizontes claros. Pero no, han preferido dedicarse a la minucia y al personalismo y hemos visto que el odio entre ellos ha primado sobre los intereses nacionales.

 

Todos los días se ve en los medios de comunicación los efectos de esa confrontación. Antes era la sangre, los accidentes, hoy lo medios se ocupan del manoseo político.

 

¿Sumaría la coyuntura judicial a este clima negativo que describe?

 

Absolutamente. El daño de la judicialización del país es enorme. Se ha dado tal primacía al quehacer jurídico que prácticamente nos hemos olvidado de las reales necesidades del país. Está bien la lucha contra el crimen y la corrupción, pero esta no puede captar toda nuestra atención porque no soluciona la totalidad de los problemas. Hay quienes ahora son expertos en asuntos de moralidad, creyendo que ahí está la receta para lograr el desarrollo.

 

¿En el caso de Lambayeque cuál es la reflexión que tiene? El año acaba con autoridades detenidas, tanto en ejercicio como electas para asumir funciones a partir del enero.

 

La detención de las autoridades en ejercicio y electas no me llama la atención. Se tenía visto desde el inicio que acabarían así, como también que en varios partidos hubo gente formando cola para seguir haciendo lo mismo. El castigo que se impone actualmente a los funcionarios que le fallan a la sociedad no merma los casos de corrupción. Eso está demostrado.

 

La barrera que impone la justicia es tan baja que los políticos se atreven a cruzarla una y otra vez. La justicia debería ser preventiva, no tardía, como se está viendo. Es en los primeros meses de una gestión de gobierno donde se debe hacer efectiva la mano del control y la fiscalización, no al final, cuando ya todo está consumado.

 

La fiscalía, la contraloría, la procuraduría y el Poder Judicial, al intervenir al final de los mandatos, solo hacen el papel de médicos legistas, solo emiten certificados de defunción.

 

Si sabemos que todos esos actos de corrupción se pueden prever, ¿por qué no se hace? Ahorita estamos esperanzados en que la fiscalía actúe, pero ya qué sentido tiene.

 

¿Las intervenciones son tardías, entonces?

 

No solo tardías, ya hasta resultan innecesarias, porque el daño al Estado ya está hecho y no se corrige nada.

 

El gobernador Humberto Acuña Peralta concluye ocho años continuos de administración. ¿Qué se puede destacar de su gestión y qué critica de la misma?

 

Sí noto mucha diferencia entre él y lo que ha podido ser el alcalde de Chiclayo. Por ejemplo, se le puede criticar su ineficiencia, pero los niveles de corrupción en su mandato no son comparables con los registrados en la municipalidad. Debo ser justo en ese sentido.

 

¿Y respecto a su eficiencia frente a los grandes problemas de Lambayeque, qué puede resaltar?

 

Es muy criticable su ineficiencia.

 

¿Qué expectativas tiene el empresariado lambayecano al que usted representa de la gestión que a partir del 1 de enero iniciará Anselmo Lozano Centurión como gobernador regional?

 

Lo que puedo decir es que lo que nos toca es acompañar a las autoridades, no tenemos otra alternativa. No hacerlo sería ir en contra de la poca institucionalidad que tenemos.

 

El señor ha sido 20 años alcalde, ha tenido cinco administraciones seguidas y algo bueno debe tener. Lógicamente hay que ser conscientes que se trata de dos cosas diferentes: una cosa es la administración de un distrito y otra la regional.

 

Si el señor sabe asesorarse adecuadamente y se dedica a dotar de infraestructura productiva a la región, creo que haría una buena gestión.

 

La solución no pasa por ofertas populistas de hacer una veredita o una escuelita. Hacer una escuela está bien, pero no soluciona los problemas de la educación. Lo que solucionaría los problemas de Lambayeque sería mejorar la producción.

 

¿Se requiere también de una visión de largo plazo?

 

Sí, porque ese es uno de los grandes males de los políticos, piensan en el hoy, ni siquiera en el corto plazo que es un año.

 

Espero que el señor Lozano pueda hacer las cosas, en la medida de lo posible, con planificación.

 

¿Es la misma expectativa que tiene del próximo alcalde de Chiclayo, Marcos Gasco Arrobas?

 

Es una persona joven y no creo que esté con el razonamiento de tomar beneficios personales. Tiene ADN político y creo que posee la sensatez suficiente para hacer bien las cosas.

 

Aunque, eso sí, cualquier persona que ocupe la alcaldía de Chiclayo podría hacer mucho sin hacer nada. Me explico, si impide que la ciudad se ensucie más de lo que está, ya sería grandioso. Están tan mal las cosas que haciendo nada o poco se potencia en mil el beneficio.

 

En conclusión, ¿las autoridades no dieron la talla?

 

Con todo el respeto que se merecen, creo que las autoridades están en deuda con Lambayeque. Hay muchas cosas que se pudieron hacer y se dejaron pasar. Hay autoridades que hoy son investigadas que se van en deuda con la población.

 

¿La misma opinión tiene de los congresistas por Lambayeque?

 

Sus apariciones han sido muy espontáneas o esporádicas y si en algún momento llegaron a Lambayeque ya sabemos a qué. Lo que se ha conocido a partir del caso del alcalde de Chiclayo confirma que se acercaron no para hacerle un bien a la ciudad o a la región, sino a ellos mismos. Eso es vergonzoso.

Deja tu Comentario