Expresidente del Consejo de Ministros afirma que el país deja de percibir siete mil millones de soles al año en tributos.
El congresista de la República Jorge del Castillo Gálvez estuvo en Chiclayo cumpliendo una apretada agenda que incluyó una reunión con la prensa local, cita en la que abordó el momento político actual, señalando que el desgaste del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski genera un profundo problema para la economía y la seguridad jurídica del país.
“Cada vez que veo cómo le va a este gobierno, más extraño al nuestro. Francamente creo que había más autoridad, más orden, mejor criterio, más experiencia. Eso es para que se vea que la política no es solamente tecnocracia o elevar la voz. Política es el arte de gobernar, de los viable y eso requiere muñeca, conocimiento y apertura”, manifestó el extitular del Consejo de Ministros en el segundo gobierno aprista.
Del Castillo Gálvez, cuyo voto en contra de la vacancia presidencial, junto al de su compañera de bancada Luciana León, ahondó discrepancias en la cédula parlamentaria aprista, dijo que a la administración de Kuczynski le hace falta “tino y experiencia” para enfrentar los problemas que se le presentan.
Comentó, por ejemplo, que como legislador ha convocado a diferentes voces del país, del sector público y privado, para elaborar el proyecto de ley que regule la fusión de empresas con una amplia participación de los sectores económicos, lo mismo que para formular su iniciativa de promoción de la salud mental.
“La labor del político es identificar el problema y convocar a los que saben. Pienso que la debilidad de este gobierno, que se suma a la del anterior, ha producido un bajón en la economía. El Perú ha dejado de recaudar en los últimos tiempos, desde el gobierno de Humala, tres puntos de la recaudación tributaria y cada punto equivale a siete mil millones de soles. Son 21 mil millones de soles por año los que se dejan de recaudar y eso es terrible”, aseveró.
INESTABILIDAD POLÍTICA
A decir del parlamentario “en estos momentos en el país existen muchas tareas por hacer”, pero estas deben asumirse “con tranquilidad”.
“Hay quienes piensan que porque el gobierno es débil hay que seguir dándole con palo hasta que se termine de caer y eso no me parece serio. Dos semanas antes que venga el Papa no sabíamos quién iba a ser el presidente del Perú y ahora estamos en una situación igual. En abril se realizará la Cumbre de las Américas y estamos en las mismas. Una cosa es que haya elecciones y se generen expectativas de los grupos políticos y otra es querer bajarse al presidente. El resto de países se preguntarán qué país es este, que al presidente se lo quieren bajar como palitroque”, dijo Jorge del Castillo.
Anotó que con la coyuntura, sumada a los escándalos de corrupción y a la falta de predictibilidad en el sistema de justicia, que adopta decisiones diferenciadas para casos similares, se agudiza la inseguridad jurídica del país, lo que repercute en las inversiones y la tranquilidad de los ciudadanos.
“Si un ciudadano quiere construir su casa, comprar un terreno o sacar un préstamo bancario, simplemente prefiere esperar un año y no ponerse a expensas de la indecisión. La turbulencia política afecta las decisiones en el campo económico, eso sin ninguna duda. Por eso es que estamos medio paralizados y se ha generado un círculo vicioso: se crea el ruido, se le deja avanzar y después nos quejamos de que no avanzamos”, señaló.
INVERSIONES PARADAS
Mencionó que solo en las obras concesionadas a Odebrecht y que han quedado paralizadas hay 30 mil millones de dólares de inversión, problema que se hizo mucho más agudo cuando en febrero del 2017 el Ejecutivo promulgó el Decreto Supremo 003, que frenó la venta de activos de la constructora brasilera con el objetivo de asegurar la indemnización que esta deberá pagar al Estado por los actos de corrupción que cometió.
Jorge del Castillo sostuvo que si bien la intención del gobierno era justa, también se debió prever que la paralización de los proyectos, como la tercera etapa de Chavimochic, por ejemplo, generaba grandes perjuicios para la economía nacional, forzando el cierre de cientos de empresas pequeñas vinculadas como proveedoras de la concesionaria.
“¿Qué ganamos con la paralización de las obras? No ganamos nada, quebramos a las pequeñas empresas que están alrededor de la operación de los proyectos y al mismo tiempo dejamos en la calle a los trabajadores. Se rompió la cadena de pagos. Hay un efecto concreto”, aseveró.
Citó también el caso de los proyectos mineros que no reciben el impulso del gobierno nacional pese al buen momento que atraviesan materias como el cobre, cuyo precio se ha incrementado en el mercado internacional en 30 %.
“Hay proyectos que tienen estudios de impacto ambiental aprobados y licencias sociales otorgadas, pero las inversiones no arrancan porque no se sabe quién será el presidente. El problema es que no solo puede cambiar el presidente, sino que hasta puede haber nuevas elecciones y esa inseguridad detiene a los inversionistas. Nadie sale cuando llueve torrencialmente”, dijo.
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