El Museo de Sitio de Túcume ha logrado un nuevo premio por la política cultural que desarrolla. El Programa Ibermuseos, con sede en Brasil, le ha otorgado el VIII Premio Educación y Museos, al valorar su estrategia para hacer del patrimonio cultural una herramienta inclusiva para el desarrollo sostenible. El reconocimiento es para quienes desde 1992 han contribuido a que en el Valle de las Pirámides se consolide una institución que trabaja de manera estrecha con la comunidad, haciéndola partícipe de la conservación de la enorme riqueza material e inmaterial de la zona.
El involucramiento de la comunidad con la conservación del patrimonio arqueológico de Túcume se inició paralelamente al proyecto de investigación que entre 1989 y 1994 lideró el etnógrafo noruego Thor Heyerdahl, con el apoyo financiero del Museo Kon-Tiki de Oslo.
Antes de concluir el proyecto arqueológico, en 1992, se creó el museo de sitio, con el objetivo de garantizar la correcta gestión del complejo de pirámides y templos, construidos por la cultura Sicán o Lambayeque, siendo uno de los codirectores el arqueólogo y antropólogo peruano Alfredo
Narváez.
Para Bernarda Delgado Elías, actual directora del museo, la suma de esfuerzos y las capacidades de los iniciadores del proyecto permitieron que este tuviera desde su nacimiento un alto sentido de vinculación con el entorno, característica que hoy le ha valido el reconocimiento internacional.
“Por ello es que, luego de 25 años como museo, hemos conseguido que la comunidad participe activamente en todas las labores que tienen que ver con la conservación del sitio arqueológico. Las pirámides de Túcume son una herramienta para forjar el desarrollo de la comunidad”, señala.
PLAN DE MANEJO
El museo tiene el mérito de haber implementado hace casi 20 años un programa de educación para la conservación del patrimonio cultural y natural que protege como institución y todas las actividades responden al Plan de Manejo que abarca cuatro líneas de acción: Patrimonio Cultural, para las investigaciones arqueológicas; Turismo Sostenible, que se enfoca en los visitantes y la infraestructura; Educación, para la conservación y Población, para el espacio urbano y rural.
El programa educativo se implementó en 1998 y el Plan de Manejo en el 2009.
“En estos cuatro programas tenemos una serie de actividades y proyectos planificados. El plan fue elaborado por un grupo interdisciplinario de especialistas, entre ellos profesores, agrónomos, ingenieros, arquitectos, arqueólogos y más, que realizaron un diagnóstico del distrito y sobre esa base formularon propuestas”, refiere Delgado Elías.
“Aquí tuvimos la suerte de tener a un director que era arqueólogo y antropólogo a la vez y, por lo tanto, tenía una visión integral respecto al patrimonio, la que nos ha fortalecido muchísimo”, destaca.
BENEFICIO DIRECTO
Además de la formación de identidad y revaloración de los aspectos culturales, el museo ha permitido que la población de Túcume se beneficie directamente con los proyectos de investigación arqueológica. Por ejemplo, una de las condiciones para la realización de estos es que el 90 % de la mano de obra sea de la zona, aun cuando la ejecución de las inversiones sea otra institución.
“Es una forma de ayudar a la comunidad y de demostrarle que estas huacas sí son generadoras de desarrollo, pero para eso tenemos que preservarlas y por ello es importante el programa educativo”, indica.
Bernarda Delgado asumió la dirección del museo en el 2001 y desde entonces ha seguido la línea de trabajo que definió durante nueve años Alfredo Narváez, quien ahora es asesor y ha ayudado a redefinir el concepto que se tiene del lugar, al definirse ya no como un museo que solo tiene interés en el edificio, en su colección y en los visitantes, sino como un ecomuseo, porque su funcionamiento está integrado al desarrollo sostenible de la comunidad.
GALARDONADO
El Museo de Sitio de Túcume ha recibido hasta el momento siete premios. El primero otorgado por el Colegio de Arquitectos del Perú en 1994 y el segundo, en 1996, por el Colegio de Arquitectos de Quito – Ecuador, en valoración del diseño constructivo del antiguo recinto, ideado en perfecta armonía con el entorno, sin alterar el paisaje y empleando elementos de la zonas como la vigas de algarrobo, el adobe y la quincha.
En el 2008 el Convenio Andrés Bello, conformado por 12 países de Iberoamérica, premió al museo por su Programa Educativo. Al año siguiente lo hizo el Ministerio de Educación por el proyecto “Museo y escuela juntos” y en el 2011 Ibermuseos le confirió una Mención de Honor por su acción educativa. Cuatro años después, se erigió como el “Mejor Proyecto Turístico del Mundo”.
“Nosotros no postulamos en el 2015. Un día llegó de incognito al museo una integrante de la Asociación Británica de Escritores de Viaje, una institución muy conocida y que tiene que ver muchísimo con el turismo a nivel internacional, y fue ella quien nos postuló. Le ganamos a museos muy grandes y nos posicionamos como el ‘Mejor Proyecto Turístico del Mundo’. Fue gratísimo que una persona conocedora de aspectos culturales haya valorado y postulado a este museo, teniendo en cuenta el esfuerzo del Estado Peruano para construir un nuevo edificio cultural en el distrito y la relación que se mantiene con la comunidad”, señala Bernarda Delgado.
Este año Ibermuseos nuevamente ha reconocido el trabajo del Museo de Sitio de Túcume, al otorgarle su máxima distinción en el aspecto cultural-educativo.
“Todos los museos de habla hispana participan de Ibermuseos y nos presentamos al concurso sabiendo que pasaríamos por una serie de evaluaciones. La primera fase fue en junio, con la presentación de los documentos de gestión; en la segunda fase quedaron seleccionados 33 de 148 museos y para la fase final pasamos solo ocho. Nosotros nos presentamos en la categoría ‘Proyectos en ejecución’ como un ecomuseo”, comenta.
ECOMUSEO
El concepto de ecomuseo nació en Francia en la década del 70 y este versa sobre la preocupación real no solo por el edificio, la colección y los visitantes, sino por todo el territorio, por todo el patrimonio material e inmaterial y por la comunidad en general.
“La diferencia es abismal y por eso es que los resultados son interesantes. Ahora nos reconocemos como ecomuseo y trabajamos en cinco áreas: patrimonio, turismo sostenible, educación, población y naturaleza, paisaje y agricultura. En las cinco áreas accionan instituciones del pueblo. Tenemos 35 instituciones adscritas al ecomuseo, que son desde instituciones de gobierno hasta deportivas, de transporte, artesanales y educativas. Todas las organizaciones que hay en la comunidad forman parte del ecomuseo”, resalta.
El primer jueves de cada mes se reúnen las instituciones del ecomuseo y en estas sesiones se coordina, decide y evalúa el trabajo que se realiza.
El premio de Ibermuseos consiste en la entrega de un reconocimiento internacional y de 15 mil dólares americanos que serán administrados por el Patronato del Museo de Túcume en función de las decisiones que adopte las organizaciones que forman parte del ecomuseo. El objetivo es mejorar las instalaciones y servicios.
TALLERES Y APRENDIZAJES
Son múltiples las actividades del Museo de Sitio de Túcume orientadas a la comunidad educativa. Estas se enmarcan en el funcionamiento de diferentes talleres que hacen posible el desarrollo de capacidades vinculadas al quehacer cultural entre los estudiantes de primaria y secundaria de 20 de los 27 colegios que existen en el distrito.
Uno de los talleres es el ecológico, a través del cual los estudiantes participan del vivero – biohuerto, que está implementado con riego tecnificado por goteo y por aspersión para asegurar el uso racional del agua. Allí se les enseña a producir abonos orgánicos, el tratamiento del suelo, el sembrado y la cosecha. Los escolares aprenden a sembrar para sí, para donar y para reforestar.
Otro taller es el artesanal, cuya participación es complemente gratuita para los escolares de Túcume. Quienes pertenecen a otras jurisdicciones y desean participar pagan una merced que se destina a la compra de materiales y al pago de los profesores. Los encargados de las clases son los artesanos del museo.
“Tenemos talleres de orfebrería, repujado en lámina de aluminio, textilería, teñido, cerámica, juguetería y papel reciclado. También tenemos un taller de patrimonio cultural. Hemos construido una réplica de una huaca para que los niños aprendan a excavar, registrar, documentar y fotografiar, con todas las técnicas y herramientas de la arqueología, asistidos por el responsable de conservación y arqueólogos. Resultado de esto tenemos tres estudiantes de Arqueología en la Universidad Pedro Ruiz Gallo, jóvenes que participaron de nuestro taller”, destaca Bernarda Delgado.
El museo también promueve la cultura popular del distrito y en ese marco dicta clases para que los niños aprendan a bailar la Danza de los Diablicos, considerada Patrimonio Cultural de la Nación, o marinera. También se les enseña a confeccionar máscaras y a elaborar material de radiodifusión. El museo cuenta con una productora radial en la que los alumnos graban mensajes relacionados a la conservación del medio ambiente o del patrimonio histórico, los mismos que son difundidos en sus colegios.
Con los adultos se trabaja en el aspecto artesanal y también en temas agrícolas.
“Todos los días del año tenemos niños en el museo y hay ocasiones en las que vienen todas las secciones a participar de los diversos talleres que ofrecemos de forma gratuita. Cada taller tiene personal permanente, de tal manera que los niños son asistidos en cada actividad que realizan. Lo importante es que también tenemos un convenio con la Gerencia Regional de Educación que nos permite certificar a los profesores que participan junto a sus alumnos del programa que les ofrecemos”, detalla.
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